
La clase trabajadora alrededor de todo el mundo está comenzando nuevamente a despertar. Está comenzando nuevamente a luchar por sus derechos y sus intereses históricos de clase. La juventud trabajadora promete ser la parte más activa y decidida de esta lucha. Y no es para menos, pues la clase patronal se empecina en precarizar sus condiciones de vida y de trabajo y en arrojarla a la pobreza, a la miseria y a la desocupación.
Nuestro país no podía ser la excepción. Y aunque todavía de forma muy incipiente y con muchas dificultades, la juventud trabajadora comienza a organizarse y a luchar en contra del trabajo precario. Pudimos ver esto con mucha claridad durante la lucha secundaria, momento en el cual los jóvenes de los colegios técnicos e industriales, a los que la patronal quiere utilizar como mano de obra barata, salieron a las calles a exigir que sus prácticas sean bien remuneradas. Es necesario seguir avanzando en el camino de esta lucha.
El empleo de la juventud trabajadora
“En nuestro país cuando hablamos de empleo juvenil, lamentablemente tenemos que hablar de precariedad, inestabilidad e informalidad” (Análisis de actualidad N°6” - Mayo de 2006 – Observatorio Laboral de la CUT).
Los empresarios buscan por todos los medios aumentar sus ganancias. Sus innovaciones más modernas e ingeniosas son la subcontratación –que permite tener una gran cantidad de trabajadores con bajos sueldos e inestabilidad laboral- y el ataque a la juventud y a la mujer trabajadora. Intentan crear una mano de obra barata y calificada que le permita reducir los costos de la producción y aumentar por esta vía sus ganancias. Son claros los datos con respecto a esto.
Bajos salarios. Según la última encuesta Encla, el 25% de la fuerza de trabajo ocupada corresponde a jóvenes de entre 15 y 29 años. Pero el salario promedio que reciben los jóvenes de entre 15 y 17 años es de miserables $75.000, y el salario promedio de los jóvenes de entre 20 y 24 años (que ya son mayores de edad y en muchos casos jefes y jefas de familia) es de apenas $140.000.
Inestabilidad laboral. Estos datos muestran que el 25% de los trabajadores del país son jóvenes, a los que se les paga un sueldo miserable, y quienes además, en la mayoría de los casos, no tiene un contrato estable, ya que según esta misma encuesta, el 40% de los menores de 30 años, que se encuentran actualmente trabajando, nunca tuvo un empleo que le durara más de 12 meses. O sea que no existe para ellos el derecho a la indemnización
Negación de derechos sindicales: “además en virtud del gran nivel de informalidad e inestabilidad que caracteriza el empleo juvenil, se constatan escasas posibilidades de formar sindicatos y establecer procesos de negociación colectiva” (Idem). Entonces además de un problema económico: que la patronal busca flexibilizar y precarizar el trabajo de la juventud para poder así aumentar sus ganancias, hay también un problema político: la patronal busca evitar que la juventud se organice y se sindicalice, que realice huelgas y luche por sus derechos e intereses como un sector importante de la clase trabajadora.
Están creando una generación entera de trabajadores de segunda superexplotados, para aumentar sus ganancias y riquezas.
Una cucharada de precarización y una cucharada de desempleo
Como sino les bastara con buscar precarizar a la juventud trabajadora, la clase patronal mantiene a miles y miles de jóvenes sin trabajo, con los que poder amenazar al trabajador ocupado.
El desempleo juvenil duplica y hasta triplica la tasa del desempleo nacional. El año pasado el Instituto Nacional de Estadísticas indicaba que el 19,8% de los jóvenes de entre 15 y 24 años se encuentra desocupados, y que el 28,3% de entre 15 y 19 años, lo que equivale a 52.680 jóvenes se encuentra sin empleo.

La Coordinadora del Programa de Seguridad y Ciudadanía de FLACSO, Lucía Dalmert, que en una nota publicada en el Diario Financiero del 30/06/06 intenta criminalizar a la juventud trabajadora, tildándola de propensa al vicio y a la delincuencia, no puede evitar decir que “la precarización de la oferta laboral influye negativamente en los sueños de largo plazo, porque sólo pueden optar a salarios más bajos, muy limitado a nivel de proyecciones”. No hay sueños a largo plazo o ¡no hay futuro! como decía una banda de rock y reproducían las juventudes trabajadoras francesas cuando salieron a luchar en contra del empleo precario durante el año pasado, porque el único futuro que garantiza el sistema capitalista, basado en la explotación y en la opresión a la clase trabajadora, es el de una vida miserable, con un salario miserable, con un trabajo miserable o directamente sin ningún trabajo. ¡No hay futuro en el sistema capitalista! Pero la lucha y la organización de la juventud trabajadora, junto con el resto de los sectores de la clase trabajadora- puede derribar este sistema de explotación y abrirle paso al futuro.
¿O será que es la educación -como siempre se dice- la que le abre paso al futuro?
Dejemos a los números de la realidad hablar por sí mismos: El 50% del total de los estudiantes asiste a colegios municipalizados, el 42% a colegios subvencionados y apenas el 8% a colegios particulares pagados.
Ahora bien, el 73% de los estudiantes de enseñanza básica que asisten a colegios municipalizados pertenecen a los dos primeros quintiles de la población, es decir al 40% de los hogares más pobres de Chile, que reciben un ingreso mensual menor a $68.000. Y el 62,4% de los estudiantes que asisten a enseñanza media en los colegios municipalizados están también en los dos primeros quintiles.
Y resulta que el 67,1% de los estudiantes de la básica, y el 72,9% de los de la media que van a colegios particulares pagados pertenecen al quinto quintil, esto es al 20% más rico de la población total.
Es decir, que como primera conclusión podemos ver que la educación está claramente dividida en clases: a los colegios municipalizados van los hijos de los trabajadores, que son los de los primeros quintiles, y a los colegios particulares pagados van los hijos de los ricos, del quinto quintil, que se reducen a apenas un 8% del total de los estudiantes.
Y la cosa no termina acá, porque sólo el 4,9% de los estudiantes del primer quintil (que son todos de colegios municipalizados como decíamos) obtuvo más de 600 puntos en la PSU. Mientras que el 34,3% de los jóvenes del quinto quintil obtuvo mucho más de 600 puntos. Esto arroja como resultado que 1 de cada 7 jóvenes del primer quintil está cursando estudios superiores, mientras que 3 de cada 4 jóvenes del quinto quintil está en la universidad. La desigualdad es realmente escandalosa. Y muestra con muchísima claridad nuestra segunda gran conclusión, que como la educación –igual que la sociedad- también está dividida en clases, es prácticamente imposible que ésta sea la manera de obtener mejores condiciones de vida y de trabajo. Pues, llevándolo todavía más lejos, el 45% de los colegios municipalizados son técnicos o industriales, en donde se les enseña a los jóvenes algún oficio y se los hace trabajar en fábricas, talleres o empresas incluso antes de recibirse de la media. Entonces no es sólo que la educación está divida en clases, sino que además es el medio para reproducir las diferencias de clases al interior de la sociedad.
Y si la educación no le abre paso al futuro, ¿se lo abrirá Bachelet y el gobierno de la Concertación?
No, todo lo contrario. El gobierno, apañado por la Derecha, viene buscando activamente avanzar en precarizar a la juventud y a la mujer trabajadora. De hecho entre las medidas que tomaría Bachelet en los primeros 100 días de gobierno, se encontraban algunas que atacaban directamente las ya precarias condiciones de trabajo de la juventud y de la mujer trabajadora. Desde Clase Contra Clase denunciábamos en el periódico N°94 la aplicación de estas medidas. Una de ellas era la de crear contratos de trabajo por horas, frente a lo que planteábamos “que le permite al empresario despedir a los trabajadores jóvenes a su antojo, ya que con un contrato por horas no tendría que pagarles indemnización por despedirlos. El empresario podría ir rotando a sus trabajadores, cambiándolos constantemente –incluso mes a mes, semana a semana, u hora a hora- para evitar por ejemplo que estos se sindicalicen. Pues un contrato por horas, no le permitiría al trabajador joven sindicalizarse. El empresario podría también relativizar el salario mínimo ¡quién estipula cuánto vale cada hora de trabajo? Nadie. El empresario puede disponer del salario del trabajador a su antojo.”

Otra medida planteada era la de extender el Contrato de Aprendiz hasta los 25 años (actualmente es hasta los 21 años) pues en él no se estipula salario, por lo que el empleador puede pagarle al joven trabajador a su gusto –ni siquiera tiene la obligación de pagarle el salario mínimo nacional- y además este contrato establece explícitamente que el joven trabajador no tendrá derecho a sindicalizarse, ni a participar de la negociación colectiva, ni a irse a huelga.
El gobierno de la Concertación, al igual que la Derecha tienen como única misión la de garantizar las ganancias de la clase patronal, esa es su tarea y atacar a la juventud trabajadora es una forma de llevarla adelante.
Es la organización y la lucha la única manera de abrirle paso al futuro de la juventud trabajadora
Es necesario prepararse para comenzar a luchar por mejores condiciones de vida y de trabajo. A nivel mundial la clase patronal está buscando atacar a la clase trabajadora –y en especial a la juventud- precarizando y flexibilizando el trabajo... Y a nivel mundial la clase trabajadora –y en especial la juventud- comienzan a organizarse para luchar en contra de este ataque. Es el caso que ya nombramos de las juventudes trabajadoras francesas, que ante el ataque del gobierno de su país que buscaba crear un “Contrato de Primer Empleo” que consolidaba la precarización del trabajo, dieron una lucha de millones y millones de jóvenes –sobre todo inmigrantes- en las calles para evitar la medida flexibilizadora del gobierno. También es el caso de la marcha multitudinaria en contra de la precarización del empleo del 4 de Noviembre en Italia, cuando la clase trabajadora se organizó para la defensa de sus derechos a intereses. También es el caso de la lucha de los inmigrantes en Estados Unidos. Y de los sectores obreros en contra de la flexibilización en Argentina.
¿Comenzará la juventud trabajadora de Chile a ponerse a tono con esta situación que empieza a generalizarse a nivel mundial? Es, ante todo, necesario que así sea. En este mismo momento los trabajadores del Metro están en un paro indefinido, la mayoría de ellos son jóvenes que están en condiciones de subcontratación, que reciben salarios muy bajos y no tienen contratos estables. Esta lucha, igual que la de la juventud de los colegios técnicos e industriales, deben convertirse en los primeros pasos hacia un gran movimiento de lucha de toda la juventud trabajadora para luchar por un trabajo estable. Desde Clase Contra Clase venimos planteando desde hace mucho tiempo la necesidad de luchar por un Nuevo Contrato de Trabajo para la juventud trabajadora, que a diferencia del actual Contrato de Aprendiz, establezca un salario mínimo, el derecho a la sindicalización, a la negociación colectiva, a la huelga, y el derecho a la indemnización.
Es necesario que salgamos a luchar por un trabajo estable para todos, que terminemos con la desocupación y los empleos precarios. Levantemos un gran movimiento de lucha de toda la juventud trabajadora, buscando también avivar la llama del resto de los sectores de la clase trabajadora –como los subcontratistas- y del pueblo pobre, para terminar con la precarización del trabajo.
Esta lucha será necesario impulsarla unitariamente. Pero para que sea llevada hasta el final, deberemos enfrentar las políticas que intenten cooptarlas y desviarlas del camino, como las políticas de confiar en el diálogo social con los patrones, o de confiar en los partidos patronales progresistas como sectores de la Concertación, que llevan adelante el PC y otros grupos. Deberemos entonces marchar juntos en esta lucha, pero para llegar hasta el final, será necesario también que luchemos por construir un partido trotskysta de trabajadores revolucionario.
¡Basta del Chile precario que quieren los patrones!
¡Por trabajo estable para todos!
¡Levantemos un gran movimiento de lucha de la juventud trabajadora!
¡Por un Nuevo Contrato de Trabajo que le garantice al joven trabajador los mismos derechos que al resto de la clase trabajadora!
Dolores Mujica
30 de Enero, 2007